Medicina osteopática: anatomía del masaje

La técnica correcta del masaje requiere de unos conocimientos muy precisos sobre la anatomía humana, ya que cualquier manipulación efectuada con error de base puede producir más daños que beneficios. Si bien las manipulaciones efectuadas con error en el seno del hogar, entre padres e hijos o entre esposos, no suelen tener consecuencias negativas de importancia, en una persona que se dedique profesionalmente como los instructores de preparación física o los masajistas deportivos no hay excusa posible.

Por ello, es imprescindible que un libro sobre masajes osteopáticos instruya en los conocimientos necesarios sobre el cuerpo humano y su funcionamiento a nivel articular y óseo, para que no se confíe solamente en la intuición o la experiencia. Como veremos a continuación, los conocimientos necesarios no son tantos ni tan complejos como para que un profesional no los conozca. Hay que tener en cuenta que lo que vemos ante nosotros es una piel humana. En cambio, los músculos, su recorrido y su función permanecen ocultos, lo mismo que los huesos y su configuración.

Sistema Óseo

Los más de doscientos huesos que componen el esqueleto humano deben soportar todo el peso del cuerpo, albergar y proteger a los órganos internos y al mismo tiempo, efectuar todos los movimientos para los que han sido creados. Mediante un complejo y eficaz sistemas de palancas, centrado en las articulaciones, multiplican la fuerza ejercida por los músculos y permiten realizar funciones en cualquier posición.

Dotados de una ligera flexibilidad que les permite cierta distorsión recuperable (anteriormente se pensaba que eran totalmente rígidos), soportan tensiones y cargas estructurales tan intensas que hacen parecer hojas de papel a cualquier utensilio metálico fabricado por el hombre.

Junto a ellos están las articulaciones, las cuales permiten el movimiento justo para que los músculos puedan ejercer su fúnción sin romperse, frenando el recorrido justo en el momento en que existe riesgo de rotura o distensión muscular. Y para que todo pueda ser efectuado con suavidad, sin brusquedades ni sacudidas, existen zonas móviles recubiertas de cartílagos y unidas por una cápsula fibrosa, a su vez reforzada por la membrana sinovial, que amortigua todos los golpes y movimientos para que el conjunto orgánico no sufra. Finalmente, el líquido sinovial lubrifica todos los movimientos y evita el desgaste prematuro por el roce continuo. Conocer todo ello, es imprescindible para la correcta práctica de la osteopatía.

Precauciones a tener en cuenta en las principales zonas del aparato locomotor

Vértebras cervicales

Sostienen el cráneo y son la conexión entre éste y la cadera. Cualquier alteración de la columna vertebral, la cadera, las piernas o los pies, repercutirá en ellas. Son especialmente delicadas a partir de los veinticinco años de edad.

Nunca se deben realizar rotaciones bruscas ni con una amplitud para las que no han estado diseñadas. Especialmente peligrosas son las flexiones hacia atrás. Toda manipulación en ellas durante el masaje osteopático, debe ser de una suavidad exquisita. Es la zona que más se trata en osteopatía.

Costillas

Unidas al esternón, protegen especialmente a los pulmones y el corazón, mientras que las flotantes tienen cierta flexibilidad propia para permitir los movimientos del diafragma y zona abdominal.

Se rompen con facilidad en las contusiones y hay que evitar presionar sobre ellas con dureza, ya que aunque son flexibles podemos dañar los órganos que protegen. Un masaje demasiado enérgico en el esternón dado a un niño o una persona delgada puede dificultar su respiración y hacer del masaje osteopático una tortura. 

Las costillas flotantes, además, por disponer de un movimiento más amplio, suelen astillarse con facilidad si el masaje es enérgico. Las costillas falsas, las cuales no tienen nada más que una zona de apoyo, nunca deben manipularse, ya que además del riesgo que tienen de romperse podríamos dañar órganos tan delicados como el bazo o el hígado. Son extremadamente frágiles.

Codo

Suele ser una parte muy castigada en tenistas, oficinistas, deportistas y trabajadores manuales. Hay que poner especial cuidado en no extender totalmente el brazo ni en flexionarlo en demasía, ya que podríamos dañar no solamente la articulación sino incluso los ligamentos.

Muñeca 

Articulación también muy frágil dada la gran cantidad de pequeños huesos que la componen, los cuales permiten dotarla de una gran movilidadSu movimiento depende mucho del antebrazo y la articulación del codo, por lo que no debemos forzarla de manera individual.

Rótula

Robusta aunque de movimiento muy limitado, la rodilla soporta duras pruebas y esfuerzos sin dañarse, salvo en los deportistas. Las flexiones en ángulo agudo la dañan especialmente por la dislocación que tienen que adoptar. Es una articulación en forma de bisagra y no admite movimientos laterales.

Tobillo

Articulación sometida a grandes esfuerzos. Al igual que la muñeca, cuenta con multitud de pequeños huesos que la hacen muy versátil y no excesivamente sensible al esfuerzo. Su problema está en la poca capacidad torsional que tienen los tejidos de sostén, los cuales se distienden con facilidad. 

Como resumen, podemos decir que cualquier manipulación articular debe ir unida a un profundo conocimiento del lugar y el movimiento de cada articulación, conociendo especialmente cuál es la amplitud de su recorrido. Hay que tener en cuenta que son los músculos, los ligamentos y los tendones los que van a frenar el movimiento de una articulación y que cualquier brusquedad en este recorrido provocará un daño. Hay que prestar atención a algunos de estos síntomas:

  • Dolores en la planta de los pies, especialmente en los niños.
  • Pérdidas frecuentes del equilibrio.
  • Dolores en las vértebras lumbares y cervicales en adultos.
  • Crujidos en las rodillas al flexionar.
  • Imposibilidad de mantener la pierna totalmente extendida.
  • Muñecas sensibles.

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